En el evangelio de Mateo 4:18–20 leemos un contraste decisivo: hombres ocupados en su oficio, pero llamados a algo mayor.
"18 Jesús iba caminando por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. 19 Jesús les dijo: Síganme, y yo los haré pescadores de hombres. 20 Al momento dejaron sus redes y se fueron con él." Dios habla hoy.
Simón y Andrés estaban echando la red; ellos conocían muy bien el lago, el esfuerzo y la rutina. Sin embargo, el texto bíblico subraya que “al instante dejaron las redes y lo siguieron”. La diferencia no estuvo en la capacidad de Simón y Andrés, sino la presencia de Jesús y la respuesta a su invitación.
La experiencia descrita en El Deseado de todas las gentes es clara: separados de Cristo, el trabajo se vuelve infructuoso; aparece el cansancio, la incredulidad y la murmuración. No es solo un problema de resultados, sino de ánimo. El desaliento no es neutro; tiene una fuente. Así como es obra de Satanás desalentar el alma, es obra de Cristo inspirar fe y esperanza."Así también sucede con nosotros; separados de Cristo, nuestro trabajo es infructuoso, y es fácil desconfiar y murmurar. Pero cuando él está cerca y trabajamos bajo su dirección, nos regocijamos en la evidencia de su poder. Es obra de Satanás desalentar al alma, y es obra de Cristo inspirarle fe y esperanza."
"No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, deja obrar al Espíritu Santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios."
"Si los hombres de vida humilde fuesen estimulados a hacer todo el bien que podrían hacer, y ninguna mano refrenadora reprimiese su celo, habría cien personas trabajando para Cristo donde hay actualmente una sola." Deseado de todas las gentes, pág 214-216
El segundo párrafo amplía el principio: no tiene límite la utilidad del que pone el yo a un lado y permite que el Espíritu Santo obre en su corazón. Dios toma a los hombres como son y los educa para su servicio, si se entregan a Él.
La disciplina, lejos de ser obstáculo, es el proceso formativo por el cual la mente consagrada se desarrolla y se fortalece para cumplir la voluntad de Dios. El problema no es la falta de capacidad humana, sino los obstáculos que, incluso, nosotros mismos levantamos.
Un detalle final exige atención: el texto habla tanto de los que animan como de los que reprimen. Si Dios anhela derramar su gracia mediante conductos humanos, debemos cuidar no convertirnos en “mano refrenadora” que apague el esfuerzo de otros. Donde podría haber cien trabajando para Cristo, a veces hay uno solo, no por falta de llamado, sino por falta de estímulo, ánimo y apoyo.
Recuerda que el crecimiento y desarrollo espiritual no depende solo de estrategias humanas, sino de una relación viva con Jesús. La red es necesaria, pero es la cercanía de Jesús la que da ánimo, fortaleza y, especialmente, frutos.
La disciplina, lejos de ser obstáculo, es el proceso formativo por el cual la mente consagrada se desarrolla y se fortalece para cumplir la voluntad de Dios. El problema no es la falta de capacidad humana, sino los obstáculos que, incluso, nosotros mismos levantamos.
Un detalle final exige atención: el texto habla tanto de los que animan como de los que reprimen. Si Dios anhela derramar su gracia mediante conductos humanos, debemos cuidar no convertirnos en “mano refrenadora” que apague el esfuerzo de otros. Donde podría haber cien trabajando para Cristo, a veces hay uno solo, no por falta de llamado, sino por falta de estímulo, ánimo y apoyo.
Recuerda que el crecimiento y desarrollo espiritual no depende solo de estrategias humanas, sino de una relación viva con Jesús. La red es necesaria, pero es la cercanía de Jesús la que da ánimo, fortaleza y, especialmente, frutos.

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