La oración intercesora no es un recurso secundario de la vida cristiana, sino una expresión concreta de la voluntad de Dios y una participación consciente en su obrar redentor.
A. Es parte de la voluntad de Dios (base bíblica)
La Escritura presenta la intercesión como una realidad que se origina en Dios mismo.
Cristo intercede continuamente por nosotros (Romanos 8:34; Hebreos 7:25). Del mismo modo, el Espíritu Santo actúa como intercesor cuando nuestra comprensión y nuestras palabras resultan insuficientes (Romanos 8:26–27).
En coherencia con esta dinámica divina, la intercesión también constituye nuestra misión. Pablo exhorta a la iglesia a elevar “ruegos, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos” (1 Timoteo 2:1).
En este sentido, la intercesión humana se integra a la obra celestial:
“Debéis ser el instrumento por medio del cual Dios hable al alma… Jesús añadirá su intercesión a sus oraciones.” (Hijos e hijas de Dios, p. 276)
B. La oración intercesora en el gran conflicto
La intercesión adquiere mayor profundidad cuando se comprende dentro del marco del gran conflicto entre el bien y el mal. Los relatos de Job (Job 1:12; 2:6) revelan la existencia de dimensiones espirituales invisibles, donde Dios ha establecido límites claros y soberanos.
Las luchas espirituales no se resuelven con medios meramente humanos. Requieren armas espirituales. Por eso Pablo exhorta a fortalecerse en el Señor, a revestirse de la armadura de Dios y coloca a la oración perseverante como elemento central de la batalla espiritual (Efesios 6:10–18, con énfasis en los versículos 10–12 y 18).
C. Se abren nuevas posibilidades para el actuar de Dios
La oración intercesora no informa a Dios ni lo persuade contra su voluntad; abre, en cambio, espacios que Él mismo ha dispuesto para actuar.
“Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así.” (El conflicto de los siglos, p. 525)
La intercesión es, por tanto, una colaboración consciente con el propósito divino.
D. Seamos intercesores
La Biblia presenta diversos modelos de intercesión que iluminan nuestra práctica actual.
a. Abraham: por nuestra ciudad y nuestros vecinos
Abraham intercede por Sodoma (Génesis 18:23–33), reconociendo que al llamar a Dios Padre reconocemos también a todos los seres humanos como hermanos.
“Al llamar a Dios nuestro Padre, reconocemos a todos sus hijos como nuestros hermanos… En nuestras peticiones debemos incluir a nuestros prójimos tanto como a nosotros s mismos. Nadie ora como es debido si solamente pide bendiciones para sí mismo.” Hijos e hijas de Dios, pág. 269
“Aunque nuestras grandes ciudades están llegando rápidamente a una condición similar a la que imperaba en el mundo antes del diluvio, aunque son como Sodoma por su impiedad, sin embargo viven en ellas muchas almas honestas que, al escuchar las asombrosas verdades del advenimiento sentirán la convicción del Espíritu.” El evangelismo, Cáp. 11
b. El centurión: por nuestros enfermos
El centurión intercede por su siervo enfermo (Mateo 8:5–13). La oración alcanza no solo el cuerpo, sino también el alma.
Algunos están enfermos y han perdido la esperanza. Hay almas que han perdido su valor; habladles, orad por ellas… Hay una enfermedad en el alma que ningún bálsamo puede alcanzar, ni ninguna medicina curar. Orad por estas y traedlas a Cristo.” Ministerio de la bondad, pág. 75
c. Los padres: por sus hijos
Job ofrecía sacrificios e intercedía regularmente por su familia (Job 1:5).
“Velad continuamente para detener la corriente y rechazar el peso del mal que Satanás está echando sobre vuestros hijos. Los niños no pueden hacer esto de por sí, pero los padres pueden hacer mucho. Mediante la oración ferviente y la fe viva, ganaran grandes victorias.” Joyas de los testimonios, t. 1, pág. 147
d. Interceder por los que han de creer
Jesús mismo oró por quienes llegarían a creer por la palabra de otros (Juan 17:20). La intercesión sostenida y ferviente es esencial para la expansión del evangelio.
“Si los miembros de la Iglesia pusieran atrabajar los poderes de la mente en esfuerzos bien dirigidos, en planes maduros, podrían hacer mucho más por Cristo de lo que están haciendo ahora. Si avanzaran con oraciones sinceras, con mansedumbre y humildad de corazón, buscando impartir personalmente el conocimiento de la salvación, el mensaje alcanzaría a los habitantes de la tierra.” Review and Herald, 11 de abril, 1893
“Hay que buscar a las almas, orar por ellas y trabajar en su favor. Han de hacerse llamamientos fervorosos y se deben ofrecer oraciones fervientes. Nuestras peticiones débiles y sin espíritu han de ser reemplazadas por suplicas llenas de intenso fervor…” Testimonios para la Iglesia, t. 7, pág. 14 - 15
e. Los de más experiencia por los jóvenes
Pablo ora e intercede por Timoteo (2 Timoteo 1:3–6), recordando a la iglesia la responsabilidad espiritual intergeneracional.
“Vigilen los que tienen más experiencia a los más jóvenes… y oren con ellos y por ellos.” (Mensaje para los jóvenes, p. 17)
E. El poder de la oración y el ayuno
En determinadas circunstancias, el ayuno unido a la oración cumple un propósito específico: humillar el corazón y disponer la mente para la dirección divina.
“Para ciertas cosas, el ayuno y la oración son recomendados y apropiados. En la mano de Dios son un medio de limpiar el corazón y de fomentar la buena disposición. Obtenemos respuesta a nuestras oraciones porque humillamos nuestras almas delante de Dios.” Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 223
“De ahora en adelante hasta el fin del tiempo, los hijos de Dios debieran ser más fervientes y más despiertos, y no confiar en su propia sabiduría, sino en la sabiduría de su Señor. Ellos debieran dedicar días especiales al ayuno y la oración. No es necesario que se abstengan de alimento, pero debieran comer con moderación alimentos sencillos. El espíritu del ayuno y la oración verdaderos es el espíritu que entrega la mente, el corazón y la voluntad a Dios.” Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 224-225
F. Conclusión
La intercesión encuentra su raíz más profunda en la oración privada. Allí se presentan a Dios las cargas, luchas y necesidades particulares.
“En la oración privada, todos tienen el privilegio de orar todo el tiempo que deseen, y de ser tan explícitos como quieran. Pueden orar por todos sus parientes y amigos. La cámara secreta es el lugar donde se han de contar todas las dificultades, pruebas y tentaciones particulares. La reunión para adorar a Dios en conjunto no es el lugar donde se hayan de revelar las cosas privadas del corazón.” Testimonios para la Iglesia, t, 2, pág. 512
“Cuando muera el yo, se despertará un deseo intenso por la salvación de otros, un deseo que llevará a esfuerzos perseverantes para el bien. Se sembrará junto a todas las aguas; y suplicas fervientes, oraciones importunas, entraran al cielo a favor de las almas que perecen.” Review and Herald, 22 de Julio, 1884
Orar es interceder. Y al interceder, participamos activamente en la obra redentora de Dios.
